Tarde de frío. No es invierno, pero no queda mucho tiempo. Suena la melodía de un piano y por unos momentos la mente viaja libremente. Notas musicales en una partitura, teclas blancas y negras y, unas manos que ágilmente se deslizan sobre ellas. A través del cristal de la ventana, se observa un cielo nublado. Cielo gris, pero no por ello símbolo de tristeza. Recuerdos del humo de las castañas asadas por las esquinas de la ciudad, de un paseo con buena compañía. Saber que no estás perdida, pero cambiar el rumbo habitual para conocer nuevos lugares. Pasan las horas y parece como si el tiempo se detuviera. Una larga conversación y apreciar que unos rayos de sol se abren paso entre las sombras. Una mirada que dice más de lo que se pueda imaginar. Comprobar que hay gestos que llegan más profundos que cualquier palabra. Y escuchar el sonido del silencio a pesar de las voces que giran alrededor. Un leve ruido a través de la ventana, son las hojas de las plantas sacudidas por el viento. Y volver recordar. Viento en la cara. Descansar en un banco y ver cómo caen las hojas de los árboles. Olor a incienso. Épocas pasadas y buenos momentos. Y entre todos ellos, un obsequio especial: una rosa de los vientos de artesanía. Un enigma oculto en una mente libre. Una voz tenue entre las cuerdas de un violín. Volver a mirar a través del cristal, y ver las nubes blancas pasear en un cielo celeste...

Delfín del Sur